Biografía 1910-1876

 

Nace el 19 de diciembre de 1910 en el Campamento de Columbia, en las proximidades de La Habana, donde su padre era coronel. Ya en la capital, participa en los alzamientos estudiantiles contra la dictadura de Machado y se matricula en Derecho. Desde 1929 hasta su muerte, vivirá primero con su anciana madre y, más tarde, con su esposa en una casa de la parte vieja de la ciudad, tolerado a duras penas por el régimen, y sólo abandonará la isla durante dos breves estancias en México y Jamaica.
 Poeta, ensayista y novelista, patriarca invisible de las letras cubanas, desde 1944 hasta 1957. Fundó la revista Verbum y estuvo al frente de Orígenes, la más importante de las revistas cubanas de literatura. Obeso y asmático desde la infancia, muere el 9 de agosto de 1976.

Conocedor profundo de Góngora, Platón, los poetas órficos y los filósofos gnósticos, Lezama compendió su vida en el amor a los libros. Su obra poética está saturada de claves, enigmas, alusiones, parábolas y alegorías que aluden a una realidad secreta, íntima y, al mismo tiempo, ambigua. Desarrolló una forma poéticamente erótica de la escritura, anticipándose, de esta manera, a las corrientes europeas de la estilística estructuralista. Sus ensayos son imaginativos, poéticos, abiertos y constituyen una recreación de textos y visiones. Promotor de revistas y cenáculos, supo congregar en torno suyo a poetas de la talla de
Gastón Baquero, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y Octavio Smith, entre otros. Su amistad con el poeta y sacerdote español Angel Gaztelú (1914), contribuyó a la formación de su mundo espiritual.
Su primer libro de poemas fue
"Muerte de Narciso" (1937), y con él emplaza al lector frente a una situación límite de la realidad de cuyo desmantelamiento surge otra realidad artísticamente potenciada y reconstruida dentro de una fascinante y barroca mitología. Siguen, entre otras obras poéticas, todas influidas por el estilo rico en metáforas y lleno de distorsiones de Góngora, "Enemigo rumor"(1941), "Aventuras sigilosas" (1945), "Dador" (1960) y "Fragmentos a su imán", publicado póstumamente en 1977, en las que sigue demostrando que la poesía es una aventura arriesgada.
En 1966 publicó la novela
Paradiso, donde confluye toda su trayectoria poética de carácter barroco, simbólico e iniciático. El protagonista, José Cemí, remite de inmediato al autor en su devenir externo e interno camino de su conversión en poeta. Lo cubano, con sus deformaciones verbales, desempeña un papel fundamental en la obra, como ocurre en su colección de ensayos "La cantidad hechizada" (1970). Oppiano Licario es una novela inconclusa, aparecida póstumamente en 1977, que desarrolla la figura del personaje que ya aparecía en Paradiso y de la que toma título. Lezama Lima ha influido inmensamente en numerosos escritores hispanoamericanos y españoles, algunos de los cuales llegaron a considerarle su maestro, como es el caso de Severo Sarduy.

 

PREAMBULO NECESARIO

La obra de José Lezama Lima debe de ser considerada, en cierta decisiva manera, como un antecedente fundamental dentro de la evolución cíclica de la última literatura hispanoamericana. 
El inconfundible
"sistema poético" del autor de Paradiso desborda, en efecto, su propia significación y define una nueva metodología indagatoria en el campo de estética literaria.
Ya se trate de textos narrativos o poéticos o de ensayos críticos, Lezama nos emplaza siempre frente a una misma situación límite de la realidad, de cuyo desmantelamiento
surge otra realidad artísticamente potenciada y reconstruida dentro de una fascinante y barroca mitología

LA "OSCURIDAD" de  LEZAMA 

Cada vez que he intentado bosquejar unas notas sobre la escritura de Lezama Lima tropiezo, como con una piedra inamovible, con la palabra
"oscuro". Se me ocurre que con esta piedra tropezará, fatalmente, todo el que estudie a Lezama, a Hermann Broch, a Joyce, a Mallarmé, a Luis de Góngora... Y esa reflexión me ha hecho formularme esta pregunta: al hablar de lo "oscuro", en todos estos casos, ¿estaremos hablando de lo mismo? 

He hablado de estudiar, y me refiero al estudio, modesto en mi caso, de escritor a escritor. Confieso que he fracasado en todos mis esfuerzos por acercarme a la Babel de los modernos estudios literarios, donde el único dialecto común es una especie de inextricable esperanto. Se me perdonará, entonces, que trate de hallar respuesta a mi inquietud utilizando la sola, humilde herramienta a mi alcance: el castellano de todos los días. 

La sospecha de que pudiese haber más de un modo de manifestarse lo oscuro, modo que bien pudiera ser único y distinto para cada uno de los escritores mencionados, o similar, o múltiple, aún en cada caso, me llevó a cuestionarme, en primer término, el significado de esa palabra. En su sentido físico, alude a la escasez o ausencia de luz; más arduo es resolver su exacta equivalencia en el literario. 
Traducirla por difícil me pareció enseguida lo adecuado, pero, al pensarlo mejor, pasé a dudarlo. Este verso de
Borges, por ejemplo: 
Zumban las balas en la tarde última 
ofrece a la lectura incauta una engañosa transparencia. Hay en él, sin embargo, un barroco significar a dos luces: la
"tarde última" es a la vez la hora postrera para el día narrado y para el personaje que lo narra, Francisco de Laprida. Hay en él, además, una como luz crepuscular, una sensación de acabamiento que nace de esa duplicidad de sentidos y que, sin embargo, de una forma misteriosa, va más allá de ellos. 
Por el contrario, el verso de Gracián: 
Gallinas de los campos celestiales 
tan enigmático a primera vista, no esconde sino una laboriosa, y detestable, perífrasis de "estrellas". 
Se puede ser, entonces, transparente y difícil, elemental y oscuro. 

Esta conclusión me llevó a una segunda hipótesis, la de reservar la etiqueta de
"oscuro" para aquellos textos que ofrecen una resistencia inmediata al primer acercamiento de un lector. Creo que nadie discutirá que esta segunda traducción o hipótesis permite incluir en ella, razonablemente, a Góngora y a Borch, a Joyce y Mallarmé y Lezama Lima
Partiendo de ella he creído distinguir ocho maneras en las que se presenta o manifiesta lo
"oscuro" literario. No creo con ellas haber agotado el tema. El orden en que las expongo no obedece tampoco a una disposición jerárquica; es, meramente, el orden en que se me fueron ocurriendo. He preferido por eso, al designarlas, las letras a los números. 
Para su explicación he preferido ejemplos de Lezama, aunque invoco también los de otros escritores cuando ha venido al caso. 
Los que siguen son esos ocho modos de proceder lo
"oscuro" en la literatura, según creo. 
A. Por perífrasis o acertijo. Es el que usaban los escaldos para sus complicadas kenningar. Lezama lo utiliza muy a memnudo, como cuando escribe "cambiante pontífice" por viento, o hace decir a Foción, de un efebillo amante suyo, que "no era Rey de Grecia", aludiendo a su escasa disposición para la bisexualidad. 

B. Por alusión culterana, cerrada al desconocedor, que puede ser explícita o implícita. Al primer tipo pertenecen muchos gongorismos, como ese bellísimo de 
Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo 
o cuando habla del
"ruiseñor de Pekín" o de "Hera, la horrible". La segunda es más difícil de reconocer, como cuando al bautizar a un personaje Oppiano Licario reúne, en una oblicua, arbitraria ecuación, al estoico Oppianus Claudium y a una visión francesa, pienso que valeryana, de Icaro, L'Icare. O cuando yuxtapone en otro de esos centaurillos suyos su propio nombrede santo humilde al de esos tan sencillos, y tan desconocidos, semidioses taínos. 

C. Por private joke. El celoso Galeb manda un espía al cuarto en que conversan Mohamed y Fronesis, y el enviado finge preguntar por un tal Fredesbindo Heterónomo. La extravagancia del nombre es chistosa, pero éste, además, es un alias con el que García Lorca, por diversión, se hacía anunciar en La Habana al último Conde de Casa Bayona. 
Pudiera incluirse en este acápite las asociaciones muy circunstanciales, como la que late en este verso: 
el bobito frente de sarampión mamita linda 
D. Por hermetismo. Aquí se entiende como tal no la oscuridad en sí, sino un tipo específico, allí donde se alude a motivos de las llamadas ciencias herméticas u ocultas, o bien se esconde algo deliberadamente. A este respecto cita Borges a Clemente de Alejandría: "Es peligroso poner todas las cosas en un libro, como poner una espada en manos de un niño." 
¿Puede que esto justifique las enigmáticas referencias a la Orplid u Orplide, que llevan ya decenios haciendo agua la sesera de muchos respetables estudiosos? 

E. Por la dificultad intrínseca de aquello que se quiere transmitir. Lezama solía decir: "cuando me siento claro escribo prosa, y cuando me siento oscuro, escribo poesía". Esta afirmación parece una ironía si se piensa en sus ensayos, tan claros como una luna nueva; pero no cabe duda de que la intención que los impulsa es la de esclarecer. 

Aldous Huxley, hablando de D.H. Lawrence, conjetura que la mayoría de los hombres vivimos en un universo de confección casera, un angosto túnel alumbrado al que rodean las tinieblas de la ajenidad del ser y de nuestra propia irracionalidad. Sea como sea, pienso que el don de Lezama como escritor fue, para decirlo a su manera, precisamente la mirada atenaica, los ojos verde demonio del búho sabio; su problema, inventar un lenguaje para comunicar lo mirado en la sombra a los más que permanecemos en el túnel de luz. 

F. La metáfora inexplicable. Es lo que Juan Antonio Cirlot ha llamado "la imagen ignota en su Diccionario de Símbolos". La mejor explicación puede ser un ejemplo de Homero, caro a Lezama: 

Muerte de Narciso A que tu escapes 
Rueda al cielo Una oscura pradera me convida 
Madrigal El puerto 
A la frialdad Pensamientos en la Habana 
Hai Kai en gerundio Octavio Paz 
Una fragata con las velas... Doble noche 
Los fragmentos de la noche Una batalla china 
Sobre un grabado de alquimia... La mujer y la casa 
Ya yo sabía Bahía de la Habana 
Fábula de Apolo y Narciso Fragmento de Rapsodia para el mulo 
Brillando oscura 

Poemas

LA MUJER Y LA CASA

Hervías la leche
y seguías las aromosas costumbres del café.
Recorrías la casa
con una medida sin desperdicios.
Cada minucia un sacramento,
como una ofrenda al peso de la noche.
Todas tus horas están justificadas
al pasar del comedor a la sala,
donde están los retratos
que gustan de tus comentarios.
Fijas la ley de todos los días
y el ave dominical se entreabre
con los colores del fuego
y las espumas del puchero.
Cuando se rompe un vaso,
es tu risa la que tintinea.
El centro de la casa
vuela como el punto en la línea.
En tus pesadillas
llueve interminablemente
sobre la colección de matas
enanas y el flamboyán subterráneo.
Si te atolondraras,
el firmamento roto
en lanzas de mármol,
se echaría sobre nosotros.

 

YA YO SABÍA

Como un ala perdida
-era la noche intensa por mil voces herida-
apareciste ¡ya yo sabía que alguna noche
se rompería el ala sobre la frente herida!

En la mañana
-idéntico rebrillar en el oro tendido,-
tu cabellera era pura mañana,
en el hondo temblor de las luces.
¿Hay espejo que copie cabellera
teñida por el oro de la mañana, chorro de mañana?

Me empapé de ti,
todo envuelto en el aro
de tu oro dúctil
-oro y brazalete-. Todo
era oro en la pura mañana.

¡Ya yo sabía que alguna noche
se rompería el ala sobre la frente herida!

BAHÍA DE LA HABANA

Al pie de las murallas
el aire tartamudo
desliza sus sirenas,
plata mansa sin hoy
mana sus lunares
entre lunas cansadas
sin balcones. ¿Qué será,
qué será? Bajo el arco
y pestañas, la tarde,
-codorniz de Ceilán-
rompe en flechas sus colores.
Descuidas las islas
pie ligero y concha reciente,
de sonrisas y flautas,
sobre faldas tan lindas
pasajeros con cintas
y mañanas redondas!
Verdinegros incógnitos
los celos de la noche
¿Qué será, qué será?
El alfiler del rocío
redobles del aire tierno,
se extingue en ay, ay, ay, ay.
La sorpresa de la rosa en el agua,
vida entre vidas,
la rechazan las olas
con heridas sin gritos.
Las estrellas se mecen
al compás que no existe
del agua amanecida,
y así puede mecer
a los niños de Arabia,
con heridas y gritos.
Y loca entre balcones
la tarde recurvando,
empina entre algodones
su voz que ni se escucha
perdida entre latidos:
¿Qué será, qué será?


FÁBULA DE APOLO Y NARCISO

Narciso aparta juncos.
Está lejos y helado.
Bebe juncos en el sueño,
como llamada de azúcar
y lengua que se estira
acariciando galgos.
Quieto, sudado cristal,
líneas empaña en las lúnulas
torcidas en plumón soplado.
Vienen o se apresuran dolidos
venéreos planetas, juncos
quemados ya en el sueño sudoroso.
Suenan planetas zumbantes.
Juncos se estiran y el cuello
entra en un hálito helado.
Júpiter, mesa de hierro
y un barco que si marea
hirientes barcos salpica,
trenzando su flor mordida.
Narciso, de los espejos hastiados,
fabricante de mil espejos,
hila tres mil espejos demás.
Jacinto, insecto muerde azucenas.
Júpiter olvida
el carmín de los delfines,
improvisando las flautas
pechazo de caracoles.
Flauta sembrada en mis sienes
resucita en las arenas
de los labios, llamando al amor
errante, asustado marinero
pidiendo agua y azúcar
y cola azul de delfín.
Narciso, fósforo y raya de nieve.
Jacinto, diminuto río en la alcoba,
jardín con flecha enterrada,
jardín sin hojas ni manos, jardín en blanco.
Blando chisme se apresura,
rueda el insecto por mantas tibias
y piel de azucena charolada.
Teje una red en el aire
y en el aire saltan peces.
Del oído nace la plata
y baila el agua entre las ramas.
¡Estatuas corren buscando
nubes enjutas y caracol ablandado,
y en el jardín no dormitan,
ni el agua verde en oro,
oro muerto, las protege.¿
Muele el oro, tasa el vidrio.
Vidrio, ojo de la destreza.
Cortan los dedos el fuego
cantando en la torre muerta.
Júpiter, una sandalia de hierro.
Jacinto, algodón mojado
en glacial saliva.
Jacinto, el planeta entre los juncos
se incendia de amor
tan breve, geométrico en errante
luna, busca a Hermes Trimegisto.
Caracol o caderas errantes
por el aire que entra por los labios
de los juncos, por el cuello cerrado
del pez que solloza junto al junco
de mármol.

 

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