| PREAMBULO
NECESARIO
La obra de José
Lezama Lima debe de
ser considerada, en cierta decisiva manera, como un antecedente
fundamental dentro de la evolución cíclica de la última literatura
hispanoamericana.
El inconfundible "sistema
poético" del
autor de Paradiso
desborda, en efecto, su propia significación y define una nueva
metodología indagatoria en el campo de estética literaria.
Ya se trate de textos narrativos o poéticos o de ensayos críticos,
Lezama nos emplaza siempre frente a una misma situación límite de la
realidad, de cuyo desmantelamiento
surge otra realidad artísticamente potenciada y reconstruida dentro de
una fascinante y barroca mitología
LA
"OSCURIDAD" de
LEZAMA
Cada vez que he intentado bosquejar unas notas sobre la escritura de
Lezama Lima tropiezo, como con una piedra inamovible, con la palabra "oscuro".
Se me ocurre que con esta piedra tropezará, fatalmente, todo el que
estudie a Lezama,
a Hermann Broch,
a Joyce,
a Mallarmé,
a Luis de Góngora...
Y esa reflexión me ha hecho formularme esta pregunta: al hablar de lo "oscuro",
en todos estos casos, ¿estaremos hablando de lo mismo?
He hablado de estudiar, y me refiero al estudio, modesto en mi caso, de
escritor a escritor. Confieso que he fracasado en todos mis esfuerzos por
acercarme a la Babel de los modernos estudios literarios, donde el único
dialecto común es una especie de inextricable esperanto. Se me
perdonará, entonces, que trate de hallar respuesta a mi inquietud
utilizando la sola, humilde herramienta a mi alcance: el castellano de
todos los días.
La sospecha de que pudiese haber más de un modo de manifestarse lo
oscuro, modo que bien pudiera ser único y distinto para cada uno de los
escritores mencionados, o similar, o múltiple, aún en cada caso, me
llevó a cuestionarme, en primer término, el significado de esa palabra.
En su sentido físico, alude a la escasez o ausencia de luz; más arduo es
resolver su exacta equivalencia en el literario.
Traducirla por difícil me pareció enseguida lo adecuado, pero, al
pensarlo mejor, pasé a dudarlo. Este verso de Borges,
por ejemplo:
Zumban las balas en la
tarde última
ofrece a la lectura incauta una engañosa transparencia. Hay en él, sin
embargo, un barroco significar a dos luces: la "tarde
última" es a la
vez la hora postrera para el día narrado y para el personaje que lo
narra, Francisco de Laprida. Hay en él, además, una como luz
crepuscular, una sensación de acabamiento que nace de esa duplicidad de
sentidos y que, sin embargo, de una forma misteriosa, va más allá de
ellos.
Por el contrario, el verso de Gracián:
Gallinas de los campos
celestiales
tan enigmático a primera vista, no esconde sino una laboriosa, y
detestable, perífrasis de "estrellas".
Se puede ser, entonces, transparente y difícil, elemental y oscuro.
Esta conclusión me llevó a una segunda hipótesis, la de reservar la
etiqueta de "oscuro"
para aquellos textos que ofrecen una resistencia inmediata al primer
acercamiento de un lector. Creo que nadie discutirá que esta segunda
traducción o hipótesis permite incluir en ella, razonablemente, a Góngora
y a Borch,
a Joyce
y Mallarmé
y Lezama Lima.
Partiendo de ella he creído distinguir ocho maneras en las que se
presenta o manifiesta lo "oscuro"
literario. No creo con ellas haber agotado el tema. El orden en que las
expongo no obedece tampoco a una disposición jerárquica; es, meramente,
el orden en que se me fueron ocurriendo. He preferido por eso, al
designarlas, las letras a los números.
Para su explicación he preferido ejemplos de Lezama, aunque invoco
también los de otros escritores cuando ha venido al caso.
Los que siguen son esos ocho modos de proceder lo "oscuro"
en la literatura, según creo.
A.
Por perífrasis o
acertijo. Es el que
usaban los escaldos para sus complicadas kenningar. Lezama
lo utiliza muy a memnudo, como cuando escribe "cambiante
pontífice" por
viento, o hace decir a Foción, de un efebillo amante suyo, que "no
era Rey de Grecia",
aludiendo a su escasa disposición para la bisexualidad.
B.
Por alusión culterana,
cerrada al desconocedor, que puede ser explícita o implícita. Al primer
tipo pertenecen muchos gongorismos, como ese bellísimo de
Dánae teje el tiempo
dorado por el Nilo
o cuando habla del "ruiseñor
de Pekín" o de "Hera,
la horrible". La
segunda es más difícil de reconocer, como cuando al bautizar a un
personaje Oppiano Licario reúne, en una oblicua, arbitraria ecuación, al
estoico Oppianus Claudium y a una visión francesa, pienso que valeryana,
de Icaro, L'Icare. O cuando yuxtapone en otro de esos centaurillos suyos
su propio nombrede santo humilde al de esos tan sencillos, y tan
desconocidos, semidioses taínos.
C.
Por private joke.
El celoso Galeb manda un espía al cuarto en que conversan Mohamed y
Fronesis, y el enviado finge preguntar por un tal Fredesbindo Heterónomo.
La extravagancia del nombre es chistosa, pero éste, además, es un alias
con el que García Lorca, por diversión, se hacía anunciar en La Habana
al último Conde de Casa Bayona.
Pudiera incluirse en este acápite las asociaciones muy circunstanciales,
como la que late en este verso:
el bobito frente de
sarampión mamita linda
D.
Por hermetismo.
Aquí se entiende como tal no la oscuridad en sí, sino un tipo
específico, allí donde se alude a motivos de las llamadas ciencias
herméticas u ocultas, o bien se esconde algo deliberadamente. A este
respecto cita Borges a Clemente de Alejandría: "Es
peligroso poner todas las cosas en un libro, como poner una espada en
manos de un niño."
¿Puede que esto justifique las enigmáticas referencias a la Orplid u
Orplide, que llevan ya decenios haciendo agua la sesera de muchos
respetables estudiosos?
E.
Por la dificultad
intrínseca de aquello que se quiere transmitir.
Lezama solía decir: "cuando
me siento claro escribo prosa, y cuando me siento oscuro, escribo
poesía". Esta
afirmación parece una ironía si se piensa en sus ensayos, tan claros
como una luna nueva; pero no cabe duda de que la intención que los
impulsa es la de esclarecer.
Aldous Huxley,
hablando de D.H.
Lawrence, conjetura que
la mayoría de los hombres vivimos en un universo de confección casera,
un angosto túnel alumbrado al que rodean las tinieblas de la ajenidad del
ser y de nuestra propia irracionalidad. Sea como sea, pienso que el don de
Lezama
como escritor fue, para decirlo a su manera, precisamente la mirada
atenaica, los ojos verde demonio del búho sabio; su problema, inventar un
lenguaje para comunicar lo mirado en la sombra a los más que permanecemos
en el túnel de luz.
F.
La metáfora
inexplicable. Es lo que
Juan Antonio Cirlot
ha llamado "la
imagen ignota en su Diccionario de Símbolos".
La mejor explicación puede ser un ejemplo de Homero, caro a Lezama:
|
Muerte
de Narciso A que tu escapes
Rueda al cielo Una oscura pradera me convida
Madrigal El puerto
A la frialdad Pensamientos en la Habana
Hai Kai en gerundio Octavio Paz
Una fragata con las velas... Doble noche
Los fragmentos de la noche Una batalla china
Sobre un grabado de alquimia... La mujer y la casa
Ya yo sabía Bahía de la Habana
Fábula de Apolo y Narciso Fragmento de Rapsodia para el mulo
Brillando oscura
|
|
Poemas
|
LA
MUJER Y LA CASA
Hervías la leche
y seguías las aromosas costumbres del café.
Recorrías la casa
con una medida sin desperdicios.
Cada minucia un sacramento,
como una ofrenda al peso de la noche.
Todas tus horas están justificadas
al pasar del comedor a la sala,
donde están los retratos
que gustan de tus comentarios.
Fijas la ley de todos los días
y el ave dominical se entreabre
con los colores del fuego
y las espumas del puchero.
Cuando se rompe un vaso,
es tu risa la que tintinea.
El centro de la casa
vuela como el punto en la línea.
En tus pesadillas
llueve interminablemente
sobre la colección de matas
enanas y el flamboyán subterráneo.
Si te atolondraras,
el firmamento roto
en lanzas de mármol,
se echaría sobre nosotros.
|
|
YA YO
SABÍA
Como un ala
perdida
-era la noche intensa por mil voces herida-
apareciste ¡ya yo sabía que alguna noche
se rompería el ala sobre la frente herida!
En la mañana
-idéntico rebrillar en el oro tendido,-
tu cabellera era pura mañana,
en el hondo temblor de las luces.
¿Hay espejo que copie cabellera
teñida por el oro de la mañana, chorro de mañana?
Me empapé de ti,
todo envuelto en el aro
de tu oro dúctil
-oro y brazalete-. Todo
era oro en la pura mañana.
¡Ya yo sabía que alguna noche
se rompería el ala sobre la frente herida!
|
|
BAHÍA DE
LA HABANA
Al pie de las murallas
el aire tartamudo
desliza sus sirenas,
plata mansa sin hoy
mana sus lunares
entre lunas cansadas
sin balcones. ¿Qué será,
qué será? Bajo el arco
y pestañas, la tarde,
-codorniz de Ceilán-
rompe en flechas sus colores.
Descuidas las islas
pie ligero y concha reciente,
de sonrisas y flautas,
sobre faldas tan lindas
pasajeros con cintas
y mañanas redondas!
Verdinegros incógnitos
los celos de la noche
¿Qué será, qué será?
El alfiler del rocío
redobles del aire tierno,
se extingue en ay, ay, ay, ay.
La sorpresa de la rosa en el agua,
vida entre vidas,
la rechazan las olas
con heridas sin gritos.
Las estrellas se mecen
al compás que no existe
del agua amanecida,
y así puede mecer
a los niños de Arabia,
con heridas y gritos.
Y loca entre balcones
la tarde recurvando,
empina entre algodones
su voz que ni se escucha
perdida entre latidos:
¿Qué será, qué será?
|
FÁBULA DE APOLO
Y NARCISO
Narciso aparta
juncos.
Está lejos y helado.
Bebe juncos en el sueño,
como llamada de azúcar
y lengua que se estira
acariciando galgos.
Quieto, sudado cristal,
líneas empaña en las lúnulas
torcidas en plumón soplado.
Vienen o se apresuran dolidos
venéreos planetas, juncos
quemados ya en el sueño sudoroso.
Suenan planetas zumbantes.
Juncos se estiran y el cuello
entra en un hálito helado.
Júpiter, mesa de hierro
y un barco que si marea
hirientes barcos salpica,
trenzando su flor mordida.
Narciso, de los espejos hastiados,
fabricante de mil espejos,
hila tres mil espejos demás.
Jacinto, insecto muerde azucenas.
Júpiter olvida
el carmín de los delfines,
improvisando las flautas
pechazo de caracoles.
Flauta sembrada en mis sienes
resucita en las arenas
de los labios, llamando al amor
errante, asustado marinero
pidiendo agua y azúcar
y cola azul de delfín.
Narciso, fósforo y raya de nieve.
Jacinto, diminuto río en la alcoba,
jardín con flecha enterrada,
jardín sin hojas ni manos, jardín en blanco.
Blando chisme se apresura,
rueda el insecto por mantas tibias
y piel de azucena charolada.
Teje una red en el aire
y en el aire saltan peces.
Del oído nace la plata
y baila el agua entre las ramas.
¡Estatuas corren buscando
nubes enjutas y caracol ablandado,
y en el jardín no dormitan,
ni el agua verde en oro,
oro muerto, las protege.¿
Muele el oro, tasa el vidrio.
Vidrio, ojo de la destreza.
Cortan los dedos el fuego
cantando en la torre muerta.
Júpiter, una sandalia de hierro.
Jacinto, algodón mojado
en glacial saliva.
Jacinto, el planeta entre los juncos
se incendia de amor
tan breve, geométrico en errante
luna, busca a Hermes Trimegisto.
Caracol o caderas errantes
por el aire que entra por los labios
de los juncos, por el cuello cerrado
del pez que solloza junto al junco
de mármol. |
|
|