
| Biografía | Licenciada en Periodismo. Poeta y narradora |
Poemas
Etienne Cabet hace la ciudad
Amanezco haciendo la ciudad.
Vengo desde su centro con la paz en los ojos,
Dia tras dia levanto sus paredes
pinto los corredores y dibujo paisajes en su cielo.
Mezclo estilos, visiones y hago casas abiertas a la luz.
Quiero que en su interior nada se esconda
como nada se esconde en la ciudad de Dios.
Trazo calles, diques, puentes, jardines.
Acomodo las aguas que bordearán su estancia
y fabrico nuevas señales a las vias
por donde voy e iré con mi culpa de amar lo que no tiene nombre.
Esta ciudad a la que doy otoños
dejará mañana de ser mía.
Nadie recordará que fundí sus cimientos y anduve aquí sus melodías,
llorando la emoción de modelar su rostro.
Lo declaro en la Plaza Mayor, en un discurso ajeno
donde prohibo las estatuas
que imploran en frias rigideces
el privilegio de lo que nunca fueron.
Dejará mañana de ser mia pero está libre ahora cuando vengo a su noche y le susurro
y reconozco que en esa dimensión,
patrimonio absoluto de mi juicio
la hallo impura, semejante a mi mismo.
Estoy haciendo una ciudad sin líneas divisorias,
una morada para el tiempo.
La hija de Etienne Cabet
añora la ciudad
De dos en dos iban los hombres por Icaria
buscando las mitades de si mismos.
Yo estuve allí danzando en la Plaza del Agua
girando en el único eje de mi cuerpo, ave sigilosa
sobre la superficie de una cascada que era espejo
de la gestualidad de otros espejos.
Tu eras mi público más fiel
mostrando aquel daguerrotipo en que,
tomada de tu mano entraba a la Ciudad donde sobraba espacio,
y todos eran dueños de melodías tenues
que juntaban en coros a la llegada de la noche.
Yo estuve allí danzando en la Plaza del Agua
fuí el cisne que conquistó elogio y reverencia.
Siempre lo cuentas cada final de año
cuando tomas el vino de la cena
y quieres agazajar a los amigos con tu más enfática verdad.
Después te pones triste.
Ya no sabes qué pasa con Icaria:
"la acrópolis del hombre,
el reinado de la perpetuidad y la armonía".
Hace tanto tiempo que no respiras ese aroma,
no vienen las señales a través de las vías que sólo tú conoces.
Le han obstruido los caminos, le volaron los puentes,
la desplazaron hacia el sur para evitar las migraciones.
Pero nosotros volveremos.
Yo bailaré de nuevo para ti,
y tu estarás riendo mientras los icarianos
descorchan el vino de las aguas benditas,
y te piden que expliques en detalle
cómo fue la última evasión,
y cuántos avisos faltan para que todos se reúnan
en el corazón de los paseos,
junto a la fuente luminosa de los recién llegados.