3-1 LOS MISTERIOS DEL SOL
(Tercera parte)
La observación y registro de la actividad solar se inició
hace ya casi tres siglos, en 1755; la mayor de las manchas solares que se haya
podido observar hasta el momento fue la que apareció en el hemisferio sur del
Sol el dia 8 de abril de 1947. Para que se tenga una idea digamos que esta
“mancha” abarcó un área de algo más de 18,090 millones de kilómetros cuadrados.
Mas tarde, en octubre de 1957 fue observado otro fenómeno
nunca antes visto: aparecieron en nuestro Sol nada más y nada menos que 263
manchas simultáneamente
La notable influencia de la actividad solar sobre los campos
magnéticos terrestres se divide en dos aspectos fundamentales.
Unos ocho minutos después de haberse producido la explosión
solar ya llegan a La Tierra las
radiaciones electromagnéticas provocando cambios en los campos magnéticos
terrestres aunque esta primera influencia es de corta duración.
24.48 horas más tarde de haberse producido la explosión solar
llegan a La Tierra los componentes plasmáticos expulsados por El Sol hacia el
espacio que es lo que reconocemos como VIENTO SOLAR teniendo lugar entonces
nuevos cambios que durarán 3 ó 4 dias y que afectarán la naturaleza e intensidad
de los campos magnéticos terrestres. Este es el período más sensible y
preocupante.
El primero que sospechó esta inter-relación fue el científico
ruso A. I. CHIZHEVSKIL quien en 1928 planteó por primera vez esta hipótesis.
La influencia del Viento Solar es enorme tanto entre humanos como también entre animales, plantas y todo el complejo y delicado sistema ecológico de nuestro planeta; porque es tan amplio el espectro de esta influencia que, por ejemplo, las aves migratorias pierden el sentido de la orientación y sufren trastornos de su equilibrio motor, los cetáceos también se desorientan y van a morir a los sitios más insospechados. . . . . .
Hoy en dia los heliobiólogos se encargan de alertar a los
centros hospitalarios sobre la actividad solar para que puedan extremar los
cuidados sobre enfermos con cardiopatías crónicas.
Entonces hay que reconocer que la acción que ejerce El Sol sobre nuestras vidas va mucho más allá que la luz y el calor que él nos da.
|
|
|
|